Buenaventura: “Para el 2021 San Gabriel debe estar en plena construcción”

La Compañía de Minas Buenaventura evalúa sus mejores opciones de crecimiento. Con seis proyectos para elegir, la minera peruana está en capacidad de incrementar sus reservas de oro, plata, cobre, plomo y zinc.
Ceo buenaventura

 Sin embargo, su foco no es aprovechar esta diversificación para producir más metales. “La meta es generar más rentabilidad”, remarca su CEO, Víctor Góbitz.

—¿Cuánto estiman invertir en Buenaventura este año y los siguientes?
​Tenemos programada una inversión anual de US$120 mlls. a US$150 millones en sostenibilidad de minas, exploración y desarrollo de proyectos. Pero la presión financiera vendrá cuando tengamos que desarrollar San Gabriel (Moquegua) y Yumpag (Lima). Además, tenemos otro proyecto, que consiste en ampliar la capacidad de El Brocal (Pasco) de 20 mil a 25 mil toneladas por día.

—¿Qué proyecto iría primero? ¿San Gabriel?
Sí, pero el mensaje es que el portafolio de Buenaventura es tan amplio que nos permite contar con varias opciones de crecimiento. La decisión va a depender, sin embargo, de cuál proyecto tiene más valor y cuáles son los riesgos para desarrollarlo: técnicos, sociales y financieros.

—San Gabriel tenía un problema técnico, de estabilidad geológica. ¿Lo han resuelto?
En el último año hemos efectuado una investigación profunda con una consultora especializada en mecánica de rocas. El resultado es que vamos a usar un minado de cámaras con añadidura de cemento. Eso permitirá construir y operar una mina más rentable.

—¿Comenzarían a producir en el 2021?
Para el 2021 San Gabriel debe estar en plena fase de construcción. Eso significa que debemos obtener la aprobación del directorio de Buenaventura a fines del 2020 o inicios del 2021.

—¿Hablamos de un año de construcción?
Ese es el otro hecho importante. San Gabriel es un proyecto que ya cuenta con infraestructura previa. Se localiza en Uchuña (Moquegua), donde hay una influencia muy positiva de Southern [por su mina Cuajone]. Tiene una población entrenada para la minería.

Buenaventura anunció en mayo del 2018 que se enfocaría en llevar ambos proyectos a la etapa de prefactibilidad este año, un objetivo que cumplirá, según Benavides.

—¿El proyecto tiene todas las licencias socioambientales?
Sí. El caso es que tenemos el EIA ya aprobado y acuerdos con las comunidades. Será una mina subterránea con una dimensión en la cual Buenaventura tiene mucha experiencia. En su fase inicial procesará 3.000 toneladas de mineral por día.

—¿Qué tan grande es eso?
Es un poco más chico que Uchucchacua pero un poco más grande que Tambomayo. Estamos hablando de 20 mil a 150 mil onzas de oro por año.

—Respecto a Yumpag, ¿ya decidieron cómo desarrollarlo?
Yumpag es un brownfield que tiene la ventaja de estar ubicado a solo 5 kilómetros de nuestra mina Uchucchacua (Lima). Inicialmente se estudió como un greenfield, pero luego vimos que podía ser una mina satélite que alimente la expansión de Uchucchacua. Ese es el caso que estamos desarrollando.

—¿Iría luego de San Gabriel?
La ventaja de desarrollar una mina satélite es que es una inversión que podemos afrontar en paralelo con otros proyectos. En la opción optimista, podríamos construir Yumpag y San Gabriel al mismo tiempo.

—¿Qué producirá Yumpag?
Es un proyecto de plomo y plata.

—¿La rentabilidad vendría por el lado del plomo o de la plata? 
El ‘driver’ es la plata. La cotización ha subido recientemente a US$15 por onza, lo cual es razonable. Ucchucchacua forma parte, además, de un programa de optimización de minas, que hemos iniciado recientemente. Esa es otra manera en la que generamos valor.

Orcopampa (Arequipa) es una mina subterránea de vetas angostas donde se extrae oro, esta ha operado continuamente durante 50 años.

—¿Qué pasa con el desarrollo de Trapiche (Apurímac)?
Es un proyecto de cobre que está en evaluación. Al día de hoy estamos haciendo pruebas de campo para saber si podemos usar lixiviación [para procesar el mineral]. Esa es la principal interrogante que tenemos, de carácter técnico.

—Hace unos días anunciaron la reestructuración de la mina Orcopampa (oro). ¿Cómo marcha eso?
Orcopampa (Arequipa) es una mina subterránea de vetas angostas que ha operado continuamente durante 50 años. Ahora estamos tratando de redimensionar la operación para hacerla más eficiente.

—¿Qué medidas piensan aplicar?
Estamos reduciendo la huella operativa, lo cual supone un período muy difícil de reducción de personal. Y también vamos a dar más prioridad a la exploración que a la explotación. Pero la optimización sí es posible porque Orcopampa forma parte de un extenso portafolio de nueve minas [propias y en ‘joint venture’]. Si tuviéramos una sola, nos sería bastante difícil.

—¿Seguirán produciendo en Orcopampa o cerrarán la mina?
Vamos a seguir produciendo, pero a un nivel bastante menor, porque el foco está en centralizar las operaciones y ganar más visibilidad en reservas. La idea no es producir más sino levantar la rentabilidad del negocio.

—Otro proyecto ambicioso es Coimolache Sulfuros (Cajamarca), una mina de oro en camino a convertirse en una de cobre. ¿Cómo va la transición?
La información indica que vamos a producir oro de forma estable hasta el 2022. Eso significa que habrá un proceso gradual de cierre de mina en los años siguientes, en el cual produciremos remanentes de oro. Mientras tanto, trabajaremos en convertir Coimolache en un proyecto de cobre.

—¿Será un antecedente para la ampliación de Yanacocha?
Yanacocha, Coimolache y La Zanja comparten el mismo modelo geológico: un extenso distrito con oro en la parte superior (lixiviación) y cobre a profundidad (sulfuros). Ese concepto está más avanzado en Tantahuatay. El objetivo es calzar la vida útil del oro con la del cobre.

Yanacocha

—¿Lo conseguirían desde el 2023?
Aún es temprano para poner una fecha. El concepto es que queremos lograr un cambio muy suave, de un proceso a otro [lixiviación a sulfuros]. Y tomar ventaja de la infraestructura que ya tenemos. Eso significa que no construiremos otro tajo, sino que profundizaremos el que ya existe para llegar al cobre.

—¿Cuánto costaría el proyecto?
Es un semi greenfield, lo que hace que la inversión inicial sea menor, lo mismo que el período de retorno. Quizá necesitaremos una modificación del EIA (MEIA). Estamos estudiando todas las variables.

—¿Quecher Main (Cajamarca, con US$315 millones) ya inició producción?
Sí. Parte de la producción de óxidos ya se está colocando en el pad de lixiviación de Yanacocha. Estimamos que la capacidad de diseño se alcanzará en el último trimestre del año. Le seguirá Yanacocha Sulfuros (cobre), que ya tiene EIA aprobado. Es un proyecto muy similar a Coimolache Sulfuros. La lógica es usar los tajos de oro en desuso de la mina Yanacocha como potenciales depósitos de relave. Es un proyecto que va a nacer con una inversión de capital menor.

—¿No se hablaba de US$2.000 millones?
Esa inversión es, básicamente, para el proceso metalúrgico de autoclave. La opción que se está estudiando es combinar una mina subterránea con una mina a tajo abierto, una planta concentradora y una autoclave que convertirá los concentrados de cobre en cátodos de cobre.

—¿Hay una fecha para que el directorio de Yanacocha (Newmont y Buenaventura) otorgue el visto bueno?
No hay una fecha. Podría ser a finales del 2020 o el 2021. Pero tenemos un Quecher Main que producirá hasta 2027.

—¿Tienen un objetivo de producción para Buenaventura este año?
En los próximos días vamos a actualizar la guía de producción del 2019.

—¿Pondrán énfasis en la producción de un metal en especial, oro o cobre?
La ventaja de tener minas de todos los metales (oro, plata, plomo, zinc y cobre) no es producir más sino generar mayor rentabilidad. Cada una de nuestras minas produce dos o más metales. Como Tambomayo, que tiene oro, pero también plomo y zinc. Entonces, la meta es encontrar la combinación de plan de minado y trabajo que maximice la rentabilidad.

—Finalmente, ¿cómo ven la minería este año, con todo lo que acontece en Tía María y otros proyectos que no avanzan?
El problema es que tenemos autoridades que no están alineadas con la minería. El mensaje que se da al nivel político más alto es poco claro, y esa ambigüedad percola y hace que cada autoridad tenga una lectura distinta del tema. Pero Buenaventura tiene 66 años en el Perú. Solo hay que tener paciencia.

El Comercio

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