“En la medida que se abran las áreas petroleras, la inversión crecerá”

Revitalizado por el desarrollo petrolífero en Tierra del Fuego, el presidente de Roch, una de las pocas petroleras independientes del mercado local, defiende la necesidad de incentivar el ingreso de nuevos jugadores al upstream local.
Ricardo chacra presidente de Roch Petrolera

Revitalizado. Aunque con tono medido, Ricardo Chacra se anima a proyectar el futuro con ilusión. Los últimos años del kirchnerismo, en los que debió batallar con dureza para defender su negocio en Santa Cruz y Tierra del Fuego, parecen haber quedado atrás.

El presidente de Roch –el nombre de fantasía que surge de sus iniciales y con el que bautizó a su empresa hace más de 20 años– se expresa con optimismo.

La perforación de un pozo en la formación Tobífera de la Cuenca Austral en territorio fueguino le pagó con un pleno. El pozo, colocado en septiembre de 2017, resultó surgente con volúmenes impensados de petróleo.

Un año después todavía produce de forma natural más de 400 metros cúbicos diarios (m3/d) de crudo. Geólogos, geofísicos e ingenieros de Roch aún intentan descifrar el funcionamiento del sistema petrolífero que rompió el molde técnico de los campos convencionales en la Cuenca Austral. Pero en el mientras tanto, el consorcio que opera los bloques Río Cullen, Las Violetas y La Angostura –integrado también por Crown Point– decidió la perforación de dos pozos más en la isla.

Al momento de la entrevista con Revista TRAMA, Roch estaba finalizando la perforación del tercero. «En algún punto, el comportamiento del pozo me hizo acordar a pozos de Irán», señaló. Roch es una empresa pequeña en un mercado petrolero tan concentrado como el argentino, pero igual encontró la forma de abrirse paso.

A raíz de ello, Chacra sostiene que la clave para dinamizar el mercado es abrir áreas inexploradas a empresas con vocación de riesgo que sean capaces de invertir donde los grandes jugadores se muestran pasivos.

¿Lo sacan vía Chile?

No, el petróleo está saliendo por barco. Lo están comprando Vitol y Trafigura, y todo es para el exterior. En Santa Cruz a veces se exporta y a veces se vende al mercado interno. Depende de las necesidades que tenga la demanda argentina. Con respecto al gas, creemos que se tienen que abrir mercados porque Argentina en poco tiempo producirá más de lo que necesita.

¿Están convencidos de eso?

Sí. Hace muchos años que lo vengo diciendo: Vaca Muerta es un reservorio tremendo, de gas y de petróleo.

¿Se va a poder explotar a costos competitivos?

En la medida en que haya mercado, sin duda. Si hay mercado, hay reservas. El gas es así. Puede abrirse el mercado chileno con toda su demanda, el mercado del sur de Brasil y el mercado argentino de Chaco, Mesopotamia, Santiago del Estero y Formosa.

¿Con todo eso se pueden sumar 20 ó 25 millones de m3 más por día?

Y un poco más también.

¿De acá a tres años se puede lograr eso?

Si el mercado está, se hace en un año y medio. Hay que tener mercado. Si no tengo el caño, no lo puedo hacer.

La visión de Roch siempre fue encontrar posibilidades acordes con una empresa mediana o chica que genera valor a partir de su conocimiento de determinados campos. ¿Cree que hay que revitalizar ese discurso de petroleras chicas o medianas que se encarguen de otros campos?

No tenga dudas. ¿Cuánto es la producción no convencional? 15% ó 20%. El 80% restante está dando vueltas con áreas inexploradas. Hay que tener incentivos. Le dieron incentivos al gas y mire lo que pasó. Mientras el precio de importación de gas sea superior al que se está pagando en el mercado local, hay mercado para jugar.

¿Cómo se hace para que ese mensaje llegue a los funcionarios?

Cómo llega el mensaje, no sé, pero lo que hay que hacer es simple: «Señores, hay áreas que son marginales para determinadas empresas. Bueno, sáquenlas. ¿Para qué las quieren?».

Volviendo a la Cuenca Austral, hay un pozo que para ustedes significó un cambio disruptivo porque fueron a buscar una cosa y encontraron mucho más. ¿Cómo es ese proyecto?

El proyecto comenzó con un compromiso de perforación en exploración con la provincia de Tierra del Fuego. Estaba difícil encontrar lugares dentro de lo que uno manejaba habitualmente de la Cuenca Austral y la formación Springhill. Si bien teníamos antecedentes de la producción de Tobífera en el continente, en la zona de Santa Cruz teníamos muchas dudas. En las reuniones del comité operativo discutíamos si perforar o no. De todos modos, uno de los argumentos más fuertes que tuvimos fue: «Señores, si no exploramos no se hace nada. Hay que explorar. Así que avancemos en las exploraciones». Y eso fue lo que hicimos.

¿Era un pozo exploratorio?

Sí, tal cual. Y fuimos a buscar hidrocarburos en la formación Tobífera. Si aparecía Springhill, bárbaro, pero si no, íbamos

a Tobífera. A partir de ahí, nos encontramos con esta producción muy violenta. Entonces comenzamos a investigar qué era lo que podía ser. La formación Tobífera ya había mostrado resultados en Santa Cruz, aunque en Tierra del Fuego habíamos notado poquitas cosas. Y bueno, tuvimos estos resultados. La formación Tobífera tiene una disrupción columnar.

¿Qué significa eso?

Está totalmente fisurada por distintas razones: por el enfriamiento de la lava volcánica muchas veces se rompe. Y los movimientos tectónicos también la siguieron rompiendo. Esos espacios son los que acomodaron el hidrocarburo. Estas fallas tremendas pusieron en contacto la roca madre con esta formación. Ahí tenemos el yacimiento.

¿Han podido entender con cierto avance ese sistema petrolífero?

Estamos en eso. Ahora tenemos que terminar el tercer pozo. Ya hicimos ensayos de todo lo que se pueda imaginar. De la roca, de billups, de interferencias.

¿Qué significa billups?

Es recuperación de presión. Es decir, se cierra el pozo y se ve cómo recupera la presión, y viendo esto se obtienen muchos elementos de las condiciones de la formación.

¿Sigue siendo surgente todavía?

Sí. La producción está restringida por logística. Los pozos son de 450 ó 500 metros. Y en este momento estoy produciendo, total del yacimiento, 730. 100 tengo de la parte vieja. O sea, los dos pozos están dando 640. Y dentro de poco, si logro resolver temas logísticos, básicamente la exportación de petróleo a Chile, se puede ampliar.

¿Cómo se resuelve el cuello de botella logístico?

Todo va por camión. Una parte va a YPF por camión y otra va a Chile. Y la otra parte, la que va a Cruz del Sur, sale por barco.

¿Qué podrían hacer para tener más capacidad de transporte, de logística?

Bueno, estamos haciendo un oleoducto que conecte con Cruz del Sur. Para abril o mayo esperamos estar conectados a Cruz del Sur directamente. Están todos los permisos, los materiales ya se compraron. Está todo avanzando.

¿Lo sorprendió el proyecto?

Se ven cosas así. Quizá esto es todavía más grande de lo que yo pude haber visto. Basta pensar que con dos pozos se sacan 200 metros. Me hizo acordar mucho a pozos de Irán que conocía, no por trabajo sino por haber charlado con gente de allí. En la época persa, tenía algunos contactos y ellos son los que me enseñaron formas de explotar este tipo de yacimientos. No necesariamente lo de ellos es igual a esto. Ellos tienen carbonáticos, pero logran estos niveles de productividad con empujes de agua muy importantes.

¿Con cuántos pozos pueden desarrollar este proyecto?

Con pocos. Por eso hablo de horizontal.

¿Podrían producir 2.000 metros?

Un pozo horizontal de éstos te puede dar arriba de 1.000 metros.

¿Y se puede trabajar con esa producción en términos de restricción logística, mercado, estructura comercial?

Eso es lo que estamos terminando de resolver. Mientras haya capacidad de embarque, no hay problema. Los barcos más grandes de Cruz del Sur son de 60.000 metros cúbicos. No veo ese problema.

¿Qué inversión puede demandar eso?

Los pozos horizontales deben andar en los 5 ó 6 millones. Estamos pensando en una planta de tratamiento de 8.000 metros brutos. Eso puede demandar de 6 a 10 millones. Después hay que sumar el oleoducto. Es un proyecto de 15 ó 20 millones.

¿Cuánto le preocupa esta situación macroeconómica de la Argentina?

Me preocupa. Ahora, a fin de año, tenemos el vencimiento de una parte de las ON. (El dinero) lo tenemos, pero todo lo que viene lo tenemos que conseguir. Estábamos por largar las obligaciones negociables hace unos meses y no pudimos. Si para fin de año vemos luces, la largamos, si no será para marzo. Calculo que para esa época ya va a haber mercado.

El que viene, además, es un año electoral…

Lo que más me preocupa es que haya una vuelta a la vieja política petrolera, que fue un desastre. Argentina entregaba 140 millones de metros cúbicos/día de gas y cuando se fue el gobierno anterior estaba en 97. En petróleo llegamos a producir 1 millón de barriles diarios y ahora estamos en 490 millones. Eso es sólo producto de la política nacional. Mientras el mundo crecía en producción de petróleo y en desarrollo de tecnología, nosotros íbamos en la dirección contraria. Hubo una transferencia de ingresos muy grande de la industria petrolera a todo lo demás.

¿Cómo ve a Roch de acá a 3 ó 5 años?

La veo importante. Cuesta entrar en el círculo de las grandes, pero en gas ya somos 11 y en petróleo estaremos en el puesto 13 ó 14. Probablemente sigamos superando esa situación como productores. En la medida en que se dé libertad al capital privado y se abran las áreas, la inversión va a crecer. Estados Unidos tenía el 65% de su producción de petróleo en manos de 5.000 empresas. Argentina tiene poco más de 30, y 5 ó 6, el 85% de la producción. Hay que abrir el mercado. 

Ingeniería y ficciones

Ricardo Chacra es ingeniero industrial egresado de la Universidad de Buenos Aires con un posgrado en Petróleo en el Instituto del Gas y del Petróleo de la UBA (IGPUBA). Trabaja en el sector petrolero desde 1975, y en 1990, con apenas 40, fundó su propia empresa, a la que bautizó Roch.

Llegó a la ingeniería a partir de su pasión por las matemáticas, que trae desde el colegio. Para desconectarse de sus obligaciones cotidianas, recurre a la lectura de novelas. «La última que leí fue Nada de nada, de Hanif Kureishi. Ahora estoy leyendo los cuatro tomos de El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell.

También leo autores argentinos, franceses, un poco de todo. Te refresca y te hace ver otro mundo. La vez pasada leí El puñal, de Jorge Fernández Díaz, y la verdad es que no me sacó de la situación (se ríe). No desconectaba porque leía lo que está pasando. Lo que sabía que está ocurriendo», asegura.

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