Vaca Muerta aportará en 2027 el mismo nivel de divisas que el campo

El secretario de Energía se fijó metas ambiciosas: quiere duplicar la producción de petróleo y gas en los próximos cinco años.
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En una extensa charla a fondo con Revista TRAMA, Javier Iguacel repasa su agenda de prioridades, anticipa iniciativas de gestión que tomará en los próximos meses y se ilusiona con fundar una nueva era hidrocarburífera en el país de la mano de Vaca Muerta.   

Es miércoles a media mañana. Bien invernal, de fines de agosto, con frío húmedo y cielo plomizo, preludio de la tarde oscura y lluviosa que hubo ese día. Plaza de Mayo, cerrada por las marchas que se esperaban para esa jornada, en la que la Cámara de Senadores trataría la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Dentro del Palacio de Hacienda, donde funcionan cuatro ministerios –Hacienda y Finanzas, Producción, Energía y Minería y Transporte–, existe un micromundo con vida propia. Con la puerta principal de Hipólito Yrigoyen vedada, el ingreso al edificio se realiza por distintos accesos secundarios. Los pasillos laten, al compás de una elección interna de delegados gremiales. Mesas, urnas y pegatina de volantes en las paredes contrastan con la pulcritud y el silencio que dominan pisos más arriba; sobre todo, en la antesala del despacho principal de la Secretaría de Energía. La discreción que rige el lugar se ve, de pronto, interrumpida por los tres máximos ejecutivos de un player importante del sector, que –carpetas en mano– salen de entrevistarse con el titular de esa cartera. Ya es mediodía. El anfitrión cancela la siguiente reunión. Imprevisto de último momento: debe cruzar rápido a la torre de YPF y, de ahí, correr a Olivos, donde lo espera el Presidente.

Son intensas las jornadas de Javier Iguacel. Sobre todo, desde aquel sábado 30 de julio, en el que la eliminación de la Selección Argentina del Mundial de Rusia pasó a ser noticia vieja en cuestión de horas. Esa misma noche, Mauricio Macri le pidió la renuncia a Juan José Aranguren. Lo reemplazó con quien, hasta entonces, era director nacional de Vialidad. Sorprendió, más por la salida de su antecesor –quien, superadas varias tormentas, parecía firme al timón– que por él mismo. De hecho, el CV de Iguacel –ingeniero en Petróleo, formado en YPF y con pasado inmediato como CEO de Pluspetrol– está más conectado al negocio de los hidrocarburos que al trazado de rutas, caminos y puentes.

«En 2023, tenemos que duplicar la producción de hidrocarburos de la Argentina. Deberíamos estar produciendo más de 1 millón de barriles de petróleo y más de 260 millones de metros cúbicos de gas, llegando a los 300 millones», pregona, convencido. No sólo por el conocimiento de causa con el que habla. También, por su propio estilo personal. Desde la imponencia física –mide cerca de 1,90– hasta la vitalidad que emana su juventud (tiene 44 años) y su verba, de definiciones tajantes. El cabello azabache, de jopo abundante y difícil de domesticar. Ciertos ademanes y postura férrea, casi militar, aunque –confiesa– carece de formación castrense, tanto él como su historia familiar. Alguien que lo conoce de su carrera privada, y que ahora lo trata seguido por cuestiones oficiales, lo resume en una palabra: «enérgico». Más preciso –y apropiado–, imposible.

La oportunidad de Vaca Muerta para las productoras de hidrocarburos es clara. Pero ¿qué significa para una firma de servicios petroleros o para un proveedor metalmecánico o de insumos? ¿Qué debe mirar ese empresario?

Debe imaginar la zona núcleo del campo argentino y la actividad que genera, el volumen de negocios que hay alrededor de esa inversión, en la que la Argentina es un gran jugador y muy competitivo. Lo mismo está empezando a pasar (y pasará) en Vaca Muerta. Hay una oportunidad inmejorable para todas las Pymes, tanto de servicios como fabricantes, que estén dispuestas a hacer algo diferente pero que saben que lo hacen bien. Por ejemplo, un transportista de granos: si tiene flota y es competitivo, tiene que pensar que Vaca Muerta implicará un volumen de movimiento de arena que le dará una mayor oportunidad. O un fabricante de silos: si hace sistemas de control y de siembra directa con alguna tecnología, que se siente con algún operador porque, seguramente, tendrá algo para ofrecerle, para venderle.

¿Por qué la comparación de Vaca Muerta con el campo?

Comparo al no convencional, que no se limitará a Vaca Muerta. A medida que esa formación se desarrolle, hay más hacia el norte, en Mendoza, y hacia Santa Cruz. Es decir, es una megaoportunidad. Lo comparo porque, a diferencia del petróleo y el gas convencional, es una actividad permanente, que lleva a que todos los años se decidan inversiones multimillonarias. Como la gente del campo, cuando toma la decisión de sembrar trigo, maíz o soja. Acá, todos los años se decide invertir; es una actividad continua, no para. Se perfora mucho. Sólo para dimensionar lo que significa: si lo hacemos bien, el gas y el petróleo de Vaca Muerta aportarán el mismo nivel de divisas para la Argentina que hoy genera el campo.

¿Cuándo proyecta que sería eso?

Empezando en 2019, con petróleo, hasta que tengamos la infraestructura para el gas. Seremos de nuevo exportadores netos de gas en 2021. Con lo cual, para 2023, deberíamos generar un volumen de exportación similar al de toda la cadena de maíz, trigo, carne…

Sin soja.

Y, ya para 2027 ó 2030, incluyendo a la soja. Puede ser más rápido o más lento. Depende de nosotros. El potencial está. Y, además, generará 500.000 empleos, de los cuales 120.000 serán del micromundo petrolero. El resto se crearán en el transporte, la distribución, la fabricación de equipos, los servicios, tecnología, telecomunicaciones, software… Hoy, las empresas tratan de llevar toda la información a los centros de cómputos en Neuquén. Eso abre oportunidades a un montón de empresas, no que lo capturen sólo dos o tres. Como nosotros, también, promovemos que haya más operadores, la cantidad de gente directa multiplica a la indirecta. Existe una realidad: hoy falta gente, Pymes y empresas en la Cuenca Neuquina. Es, de hecho, un reclamo del sector.

¿Cómo se hace para que la Política, la que define estrategias por arriba, entienda esta importancia de Vaca Muerta como generadora de divisas y promueva iniciativas desde áreas que exceden a la Secretaría de Energía?

Primero, generando empleo, tecnología y, al final del día, divisas. Pero lo más importante que genera es energía barata, limpia y abundante para el país. A alguien totalmente ajeno a Vaca Muerta tener gas y electricidad muy competitivos a nivel mundial le la oportunidad de exportar sus productos. El segundo punto es ser agentes mundiales de exportación. Lo que significa sentarse en la mesa de los países energéticos a discutir temas de los que, hoy, estamos afuera (como sí lo hacemos en agroindustria). Y generar divisas. No como un objetivo en sí, sino como una consecuencia de los anteriores, porque es la forma sintética de ver el dinero que moverá al sistema. Por eso, ya hay iniciativas en conjunto con el Ministerio de Producción.

¿Por ejemplo?

En Neuquén, se armó un desarrollo de Pymes para ayudarlas. Producción tendrá algunos programas especiales, para que puedan ser proveedores a través de YPF. Quien crea, y tiene ganas, que se acerque a YPF, diga qué sabe hacer e insista. Acá depende mucho de ser emprendedor (o no). Tenemos que olvidarnos un poco de la idea de que «Papá Estado» resuelve los problemas. Generaremos oportunidades, aprovéchenlas. Y, cuando vean algún bloqueo, estaremos nosotros para que ya no exista. Ahí es donde podemos ayudar. En la promoción. Estamos trabajando para que el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) tenga un acuerdo con la OPIC, que es un banco norteamericano de inversiones y garantías. Para que las empresas argentinas se puedan asociar con compañías que están haciendo lo mismo en Estados Unidos. Hay sólo tres países en el mundo que lograron desarrollar la tecnología, la capacidad y la gente para producir en no convencionales: Estados Unidos, Canadá y Argentina. Ningún otro pudo. Australia fracasó. Los de Europa del Este, donde hay recursos, fracasaron. China fracasó. Nosotros lo logramos. En Estados Unidos y Canadá –que explotan no convencional desde hace mucho tiempo– también hay empresas en la misma situación de las Pymes argentinas. Eran proveedoras de otra cosa y se metieron en el sector. A través de la OPIC, tienen capital y conocimiento para hacerlo. Creemos que habrá oportunidades de asociarse con financiamiento del BICE, para Argentina, y de la OPIC, para las canadienses y estadounidenses. Son herramientas que desarrollaremos este año.

Lo llevo al upstream. Siempre menciona que se necesitan más jugadores. ¿Piensa hacer acciones en Houston o plazas estratégicas para fomentar el regreso de las independientes, como las hubo hasta mediados de la década pasada?

Prioridad absoluta. También lo haremos con compañías de servicios más pequeñas. Ahí está la oportunidad de las de acá, de asociarse con ellos. Porque, si viene un nuevo fracturador, necesitará a alguien que le enseñe la logística, lo ayude con los talleres, le monte recursos humanos, pruebe la tecnología que se pueda proveer desde acá.

¿Viajará a los Estados Unidos?

Sí. Muchas veces. Seremos la fuente de esos aportes. La idea es llevar Pymes para que vean cómo funciona allá, cómo en Neuquén; que entren en contacto y se empiecen a asociar. Y si, después, se puede dar el financiamiento entre el BICE y la OPIC, mejor. Para este año tenemos previstos tres viajes. El primero, en septiembre, a Houston. Después vendrán acá en octubre. Y, en noviembre, iremos al Congreso Independence, de los Estados Unidos. Expondremos en Nueva Orleans. Iremos al Permian y, en diciembre, a Canadá. También hay un Congreso Independence en Alberta. Estamos en contacto permanente con el embajador argentino en Washington, Fernando Oris de Roa. Estamos viendo si podemos poner a una persona fija allá, encargada únicamente de Oil & Gas.

¿Qué espera hacer en esas iniciativas?

Queremos llevar a Pymes con inversores, en Nueva York y en Canadá. Ya me reuní con los embajadores de ambos países. En los Estados Unidos, estuve con el secretario de Energía, con quien chateo por WhatsApp. Él es un gran impulsor de esto, de las empresas argentinas. Rick Perry fue gobernador de Texas. Con lo cual, conoce muy bien la revolución que significó ahí, donde creó más de 2 millones de empleos, redujo enormemente el costo de la energía e hizo programas parecidos para sus empresas. Quiere que acá pase lo mismo. De hecho, la OPIC opera en economías desarrolladas, con préstamos a muy baja tasa. Si bien debe participar una compañía norteamericana, lo hace para que la Argentina también se desarrolle.

¿Qué papel jugarán las operadoras que ya están en Vaca Muerta? ¿Intentará inculcarles el espíritu de que deben salir a buscar socios, por más que ya tengan el acreaje o prioricen proyectos activos?

Sí, por supuesto. Pero, si uno mira, pasamos de tener cinco proyectos en Vaca Muerta en 2015 a 30 en la actualidad. De esos cinco, uno está en producción y los otros cuatro eran pilotos. Hoy hay cinco en producción, tres que están entrando en producción ahora y el resto, todos pilotos. Pero pilotos con producción y mucho más agresivos que los iniciales. Con lo cual, hay una evolución enorme de toma de decisiones de desarrollo, muy grandes, que ya se están teniendo en cuenta. YPF está acelerando su plan de negocios para avanzar muchísimo en producción. Mucho más de lo que había presentado en su Plan Estratégico. Seguramente, será en su próximo plan estratégico a presentar.

¿Usted incidió para tratar de que YPF le pusiera más ritmo a Vaca Muerta?

(Se ríe ligeramente) Un poco, con apoyo a YPF para que no sólo sea líder sino que haga buenos negocios para la compañía. Rentabilidad pero negocios mucho más ambiciosos. Es decir, ser mucho más ambicioso porque tiene con qué: gente, conocimiento, áreas y puede más que fortalecer su producción; puede duplicarla. Los planes son de YPF. Pero sí apoyo esa visión ambiciosa a la que, antes, no se apoyaba tanto.

Usted decía que Vaca Muerta, primero, y a hacer un desarrollo de petróleo. Porque hay poca capacidad para el gas.

No, en paralelo. En 2023, tenemos que duplicar la producción de hidrocarburos. Para esto, hará falta mucha petroquímica en Bahía Blanca, construcción de gasoductos, obradores… Ya hay dos gasoductos estudiados, que seguramente se lanzarán.

¿Neuquén-Rosario, por ejemplo?

Sí. Ése está muy a pleno. Y hay varias alternativas. Ya se está charlando sobre una primera LNG que podría estar funcionando en 2021.

Varias petroleras lo están estudiando. ¿Cómo sería? ¿Lo impulsaría el Estado? ¿O los privados?

Tienen derecho a hacerlo. Pueden y estimulamos que lo hagan. En el caso de los grandes traders de LNG para la gran exportación, necesitamos que se tome una decisión de inversión en el año 2019 para que, en 2022, esté funcionando. Con lo cual, si hay iniciativas privadas de grandes volúmenes para exportar 100 millones de m³/d, lo analizaremos. Si no, pensamos en un esquema en el que, como tenemos que reglamentar cómo funcionará el LNG en la Argentina, de alguna manera, licitaremos los derechos para hacerlo. Con algún PPP o mecanismo con el que el sector tenga que tomar la decisión. Será una inversión full privada. El Estado no pondrá dinero. Con el riesgo que tenga y el que entró, entró. Y el que quedó afuera, quizás, se quedará afuera por 20 años de ese volumen. No creo que haya tanto mercado en un tiempo prudencial.

Methanex decidió empezar a importar 3 millones de m3 ahora.

Lo voy a aprobar. Verano, aprobada. Interrumpible. Y hay un contrato, que es un legado de la política nefasta del kirchnerismo, que violó todo tipo de acuerdo internacional y fue un cachetazo.

¿El de Bolivia?

No. El de Chile, con Methanex. Fue un cachetazo a los compromisos asumidos, no ya con una empresa, sino con un país, que todavía está vigente pero suspendido, en 1,1 millones de m3/d ininterrumpibles. Es un convenio con YPF. Queremos levantar la restricción y que se cumpla el contrato, lo que se pactó en algún momento. Prefiero estar trabajando y, cuando surja cómo resolverlo, lo aprobaremos también. Recuperaremos un contrato que se había violado en el pasado. Es el último que queda. Todos los demás se resolvieron en la Justicia. Hubo grandes conflictos judiciales. Con éste, no tendríamos más conflictos pendientes con Chile por el pasado.

¿Cómo cambiará la relación con Bolivia esta oferta creciente de gas local?

El contrato con Bolivia está firmado, pero tiene muchas cláusulas de arbitraje, en función de una negociación. Las usaremos. No está escrito en piedra. Y, aunque lo estuviera, hay muchos incumplimientos actuales de Bolivia. No está entregando todo el gas que debería. Tenemos que sentarnos a negociar seriamente. Hoy, Bolivia incumple en serio. En estas condiciones, no seguiremos comprando.

Eso es fuerte. ¿Es un tema prioritario de su agenda?

Tengo 2 millones de temas. Pero es parte de la agenda. De todos modos, lo haremos respetando y sin violentar los derechos de un acuerdo con el país hermano boliviano. Pero tiene que ser justo y parejo para ambos lados, no interpretar lo escrito de una manera para uno y más o menos para el otro.

Génesis política

La primera aventura de Iguacel en la función pública fue en 2015. Se candidateó, por el frente Cambiemos, para la intendencia de Capitán Sarmiento. Sacó 3.043 votos, 32,54% del total y 3,51 puntos por debajo de Oscar Ostoich, justicialista, jefe comunal desde 1999 que las últimas tres veces –2007, 2011 y 2015– retuvo su silla por menos del 4% de diferencia. «Es el pueblo de mi mujer», aclara él, en relación con el rincón de la provincia de Buenos Aires con el que se identifica. «La conocí en el boliche porque, en el verano, estaba allá y en Año Nuevo no conocía a nadie», cuenta. «Pero ni en la adolescencia me quedaba acá. Soy más de campo que de Buenos Aires», aclara, no obstante. «Vivía en Sarmiento desde el sábado a las 6 de la mañana hasta el domingo a las 10 de la noche. También, todas las vacaciones (invierno y verano)», explica.

Su padre veterinario, además de tener campo propio, trabajaba en otros dos de la zona. «Uno de ellos era de un tío. De hecho, mis primos, hasta el secundario, fueron a escuela rural», describe. No fue su caso. Iguacel y sus dos hermanos –un varón y una mujer– vivían de lunes a viernes en Buenos Aires. «Un poco por presión de mi vieja. Y por el colegio», dice el secretario.

Los varones fueron al Manuel Belgrano. Iguacel alternó libros con deportes. «Hacía de lunes a viernes y, cuando competía, me quedaba los sábados en Buenos Aires». De chico practicó natación. Después judo, hasta los 13. «Me hicieron bosta en el clasificatorio al Panamericano. A partir de los 13, el judo es por peso. No importa la edad. En la primera pelea, me tocó un lungo terrible. Después de eso, me dijeron que tenía que entrenar en serio: cuatro veces por semana y competencia todos los sábados. Dije que no. ‘Me voy al campo; no soy para eso’», recuerda.

La alternativa fue el vóley. «En el colegio teníamos un equipo bastante competitivo, entre federados y no federados. Competíamos en torneos de federados, generalmente, en la semana, en el Gran Buenos Aires», apunta. Sin embargo, el judo parece haber dejado alguna marca formativa en su vida. Por ejemplo, aquella vieja máxima de esa disciplina, según la cual el secreto de una victoria es saber utilizar la fuerza, el empuje del contrincante.

En cuanto a la ampliación del sistema troncal de gasoductos, las petroleras dicen que quedan 8 millones de m3/d de capa-cidad. Cuando Tecpetrol llegue al plató, no quedará más capacidad para transportar gas de Neuquén a Buenos Aires.

No sólo Tecpetrol. Todos los demás proyectos en Vaca Muerta que están subiendo producción se encuentran limitados. De acá a enero, se llegará al límite.

¿Cómo hará, entonces, para apurar la ampliación de los gasoductos?

Primero, estamos armando una nueva normativa para midstream. La actual es un poco gris, quedó algo vetusta. Dentro de las existentes, queda reglamentar mejor para que haya capacidad de competencia, tanto en oleoductos como en gasoductos, y dejar más claras algunas reglas. El objetivo es que el 100% de la inversión sea privada, asegurando el costo/beneficio para la sociedad y que siga el open access. En ese sentido, toda la capacidad que sobra, por donde se transporta, cualquier productor o consumidor podrá contratarla a un precio justo.

El del petróleo, que es básicamente para exportación, es un negocio en el que no participaremos porque es de las petroleras. Lo que sí haremos será reglamentar el midstream y que sea justo entre ellas: si uno invierte, poder recuperar esa inversión vendiéndoles a otros; pero, también, que nadie se quede con el monopolio que, después, le permita controlar el mercado. Que haya buena competencia. Estamos en eso. Para que esto avance ahora, hay reglas. Se pueden aplicar. Si, de acá a fin de año, vienen propuestas –que se están discutiendo–, se presentan dentro de las reglas existentes, son viables y los proyectos le sirven al país, los aprobaremos. Si no, con la nueva reglamentación de las leyes existentes, impulsaremos que esto salga. Como con el LNG: en gasoductos, necesitamos que alguien tome la decisión antes de fin de año. Si no, tendremos que impulsarla nosotros con alguna licitación.

¿Cómo interactúa con las provincias, que son las dueñas del recurso y la autoridad de aplicación? Porque quien fija las políticas es la Secretaría y eso generó una dinámica que no es la mejor.

Se puede pensar siempre en mejorar. De todas maneras, ahora venimos bien, con un diálogo bastante fructífero. Al menos con Neuquén, que es la provincia con la que más interactué, justamente porque estamos muy enfocados en el desarrollo del no convencional. Pero, después, seguiré ampliando al resto de las provincias. Hay mucho diálogo. Veo alineamiento respecto de los intereses. Las provincias son las dueñas de los recursos y la autoridad de aplicación, pero no para políticas energéticas, sino para ver cómo se benefician sus ciudadanos. Ahí entran las regalías. Que lo hagan de una manera transparente, que no se le dé a cualquiera que, después, no pague. Y lo otro es que nadie se perjudique en cuanto al control ambiental.

Por mandato del Congreso, la política energética se fija desde la Secretaría de Energía. Y es el Estado nacional, a través de esta cartera, el que puede autorizar (o no) a los operadores en la producción de petróleo y gas. Con lo cual, la provincia no podría otorgarle una licencia a alguien que no haya sido aprobado por la Secretaría. Pero existe un artículo, que hasta ahora no se usó. Era difícil de aplicar pero, en Vaca Muerta, es mucho más fácil.

¿Cómo es eso?

Dice que los operadores que estén explotando los recursos hidrocarburíferos lo deben hacer maximizando el beneficio para la sociedad y haciéndolo de una manera racional. Por ejemplo, si se tiene un área de 800 kilómetros cuadrados (km2) perforada por todos lados y se podría estar desarrollando con 20 equipos, y no se hace, entonces uno no está maximizándolo. Ahí, la Secretaría tiene una herramienta legal que existe desde 1967: la ley 17.319. Era difícil de aplicar a los convencionales pero mucho más fácil en el no convencional. Entre eso que puede hacer la Secretaría y todavía no está reglamentado, y la autoridad de aplicación para el otorgamiento de licencias, que es la provincia, tenemos que armar herramientas que permitan acelerar este proceso. O los productores que tienen hoy los campos aceleran sus inversiones o dan lugar a que venga otro. Con los derechos económicos de concesión que ya tienen. Pero que venga alguien. Lo tienen que hacer.

¿Por qué quiere que el Estado compre el gas para el sector de generación vía licitaciones?

El único gas que comprará el Estado será el que necesitemos para la generación que tenemos contratada. Que lo adquiera y se lo dé a las generadoras. Pero el resto tendrán que comprarlo los generadores. Para el 1 de enero, debería estar funcionando a pleno el mercado de gas, como dice la Ley: de forma transparente y competitiva. Que todo se transe en el «MEGSA».

Ahí introducirá el Mercado Electrónico del Gas. ¿Impulsará que todo esté allí?

Claro. Que se licite y se compre.

Lo llevo a la Resolución 46. Dijo que en Neuquén los proyectos aprobados seguirán, se evaluarán los presentados y no se aceptarán nuevos. ¿Cuál es la posición de la Secretaría sobre los presentados?

Tenemos límites: la restricción presupuestaria. No puedo aprobar cosas que, después, no podré pagar. Que no lo apruebe el Congreso y no pueda cumplir. No puedo hacerlo infinito. Si no, estaría incumpliendo la ley. El dinero no es mío, es de todos los argentinos. Y los legisladores aprueban para qué se usa. Además, tengo otro límite: la capacidad de salida de gas de Neuquén. Ya en enero estaremos restringidos. Estamos maximizando el beneficio para todos los argentinos, haciendo distintas ecuaciones y viendo que, como es discrecional la aprobación, queremos respetar los derechos de los que ya invirtieron con proyectos aprobados. Ya está. También, los de los que lo presentaron y comenzaron el desarrollo. Y, ahí, llegaremos al volumen del que disponemos. Una vez que lo logremos, ya está. Además es muy útil para la Argentina. Porque, al ser esto un régimen promocional, debe tener un objetivo principal: ahorrar dinero público. Y, en este caso, es ahorrar porque se trata de producción local, en lugar de importación. Por eso fue creado. Pero hay otro objetivo, muy importante, que se puede aprovechar en las aprobaciones: al autorizar distintos proyectos, para distintos lugares, diferentes operadores, podemos tener un mapeo con todos los proyectos de Vaca Muerta en distintos puntos de la cuenca que, con este régimen de promoción, aceleren la decisión de invertir, hagan los proyectos y, de acá a dos o tres años, se tengan resultados concretos. Con eso, podemos asegurar el volumen de reservas para comprometer las ventas a largo plazo de off-take en la exportación.

¿Cuánto sería eso, en volúmenes?

Personalmente, no tengo dudas de que poseemos 120 tcf para desarrollar en Vaca Muerta en los próximos 30 años. La mitad para consumo interno y podemos exportar el resto. Pero eso debe ser certificado, no tanto con pilotos –que ya los estamos teniendo–, sino con proyectos en ejecución. Con prospectos que estén funcionando y produciendo, como son hoy Fortín de Piedra, El Orejano, Aguada Pichana Este y Aguada Pichana Oeste. Y varios más en distintos puntos de la cuenca. El tema es si son 120, 240 u 80. Estamos viendo el volumen. Tengo un límite de dinero. Necesito maximizar la información para verificar y certificar el volumen con el que contamos, y ver cuánto podemos exportar asegurando el mercado interno por 30 ó 40 años. Así tomaremos la decisión. Estamos trabajándolo de esa manera.

Usted es optimista acerca de cuál será el breakeven de los desarrollos. En petróleo, dice u$s 45/50, y en gas…

(Interrumpe) Yo no digo u$s 40/45; lo hacen IHS, McKinsey. Son ellos, que estudian al mundo y hacen sus análisis, los que lo dicen. En algunos casos, por debajo de u$s 40, depende del proyecto.

Algún operador de gas, de los yacimientos que mencionó, está con una tasa superior al 40% con los pozos actuales. Hay que ver si lo calcularon con u$s 7,5…

Si usaron u$s 7,5, debe ser más alto que eso.

¿La TIR?

Sí. Digo pozo como un pozo. Ahí tienen todas las instalaciones, los gasoductos…En gas, todo este régimen promocional, más una estabilidad de precios de tres o cuatro años, incluyendo lo que vendan dentro del régimen de promoción, más lo que comercialicen por fuera de él, y con un gas de u$s 4/4,5, que después esté por debajo de u$s 3,5 y se pueda exportar… No decidiré yo cómo se compondrá eso; lo hará el mercado, en la medida en que se licite. Seguramente, los primeros contratos serán por esos precios. El que tenga la 46 podrá ofertar mucho más bajo porque posee subsidios. Si oferta u$s 3, se termina llevando u$s 6. En verano, lo venderá a u$s 4 ó u$s 3,5. En el promedio, están en esos valores. 

Medallero de honor

Javier Iguacel estudió en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires. Se recibió de ingeniero en Petróleo con medalla de honor. «Diploma de honor lo obtiene quien nunca fue reprobado y alcanzó un promedio superior a 8. Y medalla, quien fue diploma y, además, el mejor promedio de su especialidad», explica. Existe una categoría superior: medalla de oro, para quienes, habiendo sido medalla de honor, también lograron el mejor promedio de la entidad. «Tengo algunos en la Secretaría. Uno es Mario Dell’Acqua (IEASA). Y otro, José Astolfi, que vino como secretario de Hidrocarburos», cuenta. «No lo dejé pensar mucho», dice acerca de cómo convenció a Astolfi para sumarlo a la Secretaría. Ingeniero electrónico, ex Schlumberger, YPF y El Trébol, estaba prácticamente retirado del mundo energético. «Conoce a la perfección cómo hacer que aparezcan más operadoras que empiecen a desarrollar esto. Le conté la visión, el proyecto, qué había que hacer y le gustó».

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