Inversores en la encrucijada: ¿Será al final un tiro en el pie?

El clima ya estaba enrarecido y llegaron los cuadernos. Pero el faro de los inversores sigue siendo el 27 de octubre de 2019.
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Cuando restan 11 meses para la definición de alianzas y candidaturas, 12 meses para las PASO y 15 meses para las elecciones presidenciales, emergió un nuevo capítulo de la saga de la corruptela criolla. Como gusta advertir el analista político Rosendo Fraga, en política todo es posible y siempre se está a expensas de los imponderables. El advenimiento de los “cuadernos Gloria” es, sin duda, un imponderable que puede tener serias consecuencias. Quince meses para las elecciones es aún mucho tiempo, en términos políticos. Es casi el “largo plazo”. Todo puede pasar. Pero en términos económicos, puede ser muy poco tiempo. Entiéndase esto como para esperar una reactivación de la economía en 2019 y que la gente la sienta.

Al comenzar el segundo semestre, los inversores ya habían puesto la toma de decisiones de nuevos proyectos y megaobras, en modo “wait & see” con la mira puesta en el resultado de las elecciones de 2019. Por lo visto en las últimas semanas, previas al escandalete del los “cuadernos”, la estrategia oficial apuntó a catapultar a la expresidenta Cristina de Kirchner al centro de la escena, apostando así a la polarización, como táctica electoral. En la Casa Rosada, y sobre todo en el seno del PRO, entienden que hoy pensar en un triunfo en la primera vuelta (el 27 de octubre) es un escenario de baja probabilidad pero el del balotaje es de alto riesgo. De modo que, a diferencia de lo ocurrido en 2015, cuando Cambiemos precisaba aspirar al balotaje de modo de reunir los votos de Massa y otros “no K” y así poder disputar con el kirchnerismo, en 2019 apostará a ganar en la primera vuelta, esto es, obtener un 40% con un PJ dividido para tener 10 puntos de ventaja. De lo contrario, la segunda vuelta constituye una oportunidad para la oposición, elevando así el riesgo de la unificación contra el oficialismo. Hacia allí apuesta Cristina y por eso amplia Unidad Ciudadana a todo el país, por fuera del PJ. Claro que todo puede cambiar si en marzo-abril el PJ se reorganiza y CFK no se perfila segunda.

Con viento a favor, sin nuevos tropiezos, sin cisnes negros ni shocks externos, se estima que la economía volvería a remontar, no antes del segundo trimestre del próximo año. Y cuando lo haga, lo haría tímidamente, es decir, a tasas de crecimiento que serían inocuas para la gente. El consenso considera que recién a partir de un crecimiento del PBI mayor al 2,5%, la población siente la bonanza. Según suele advertir el economista Miguel Broda, es a partir del tercer trimestre de iniciada la recuperación que la gente acusa la mejora. De modo que la economía difícilmente juegue a favor del Gobierno en 2019. Por lo que será la política la que jugará un rol protagónico en las elecciones. Y así lo habrían entendido en el comando electoral de Cambiemos. Sin embargo, lo que parece sonar bien para la estrategia electoral oficial, o sea, el escenario de Cristina candidata, no lo es tanto para los mercados y los inversores. El consenso del mercado descuenta que en la medida que Cristina se erija como alternativa, o trepe en las encuestas, o incremente sus chances de volver al sillón de Rivadavia, los indicadores económicos y financieros se deteriorarán. En buen romance, en dichos escenarios vislumbran que la fuga de capitales se intensificará, el tipo de cambio nominal se depreciará y el riesgo-país se deteriorará aún más. Por lo tanto, lo que parecería ser el escenario óptimo para el Gobierno en pos de alzarse con el triunfo el 27-O, conllevaría un contexto macro y financiero de crisis. Lo que puede enrarecer más el panorama electoral.

Basar la estrategia oficial sobre el argumento del alto nivel de rechazo de la opinión pública sobre la expresidenta (de más del 60%) no sería acertado. Porque el tema rechazo, imagen, opinión, es cambiante. Macri también tenía un alto rechazo en 2015. Al respecto, desde el bunker oficial suelen argumentar que Macri no pierde una elección desde 2007. Por algo será, dicen, en defensa de sus estrategias.

Pero lo cierto es que los inversores consideran que las mayores chances de que vuelva el kirchnerismo o se interrumpa el ciclo Cambiemos, no hace otra cosa que potenciar el nivel de incertidumbre sobre la economía. Lo que es un alto riesgo, menospreciado por el Gobierno en pos de 2019. Al respecto, la evidencia histórica muestra que el tema de la corrupción pierde interés en la opinión pública cuando los sectores más humildes no pasan hambre, tienen empleo e ingresos, la clase media viaja y cambia el auto por ejemplo. O sea, se correlaciona inversamente a si se siente la bonanza; aunque en épocas de crisis, la corrupción pueda ser un factor que influya en la opinión pública. Claro que la historia también muestra que a los líderes populistas como Perón o Lula los temas de corrupción no les pegó tanto. Mantuvieron un alto nivel de adhesión. Por ello, existen dudas si los nuevos escándalos de corrupción afectarán a la expresidenta o terminarán siendo un tiro en el pie para el propio Cambiemos. Solo el caso Odebrecht plantea insospechadas derivaciones, en todo el arco político y empresarial criollo. Es decir, que el caso de los “cuadernos” amén de poder terminar sin pena ni gloria, podría favorecer finalmente las aspiraciones kirchneristas.

Desde el Senado, la tesis Pichetto, acerca de que los fueros solo pueden ser sacados en caso de que haya condena firme en la Corte, es un dique de contención sobre las repercusiones que tendría una Cristina procesada y eventualmente elevada juicio por los cuadernos. Por lo tanto, los que apuestan a que la expresidenta no pueda ser candidata, deberán cancelar los boletos. Se tiene así un escenario por demás complejo. Donde lo que la economía precisaba era no agitar más el oleaje. Sin embargo, la política está al mando y 2019 en la cabeza de todos.

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