El diablo en el hielo

El Gobierno anunció que está listo el inventario de glaciares, una tarea épica: ¿quién lo duda? Pero el diablo mete la cola en los detalles, como siempre.
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Este recuento de cuerpos helados de la Argentina no incluye, por ejemplo, a los glaciares más pequeños, de una hectárea o menos. Que algo sea tamaño menor no significa que sea intrascendente, mucho menos en la naturaleza. De pequeños hilos de agua nacen los arroyos, y de la suma de arroyos salen los ríos más imponentes. Muchos glaciares chicos son juntos una potencia. O acaso el agua para un pueblo. Igual, la ambición es más grande que la sensatez: el hombre es el único animal que no sólo envenena el agua que toma. También aplaude al hacerlo. El Gobierno apuesta ahora que la Corte Suprema o el Congreso, con la colaboración de ciertos diputados de Cambiemos, sean los que terminen dirimiendo la cuestión de si el asunto del tamaño importa o no. Ese es un tecnicismo que no estaba en la ley: sólo ahora surge como duda. Despejarla decidirá si la cordillera se salva de que la perforen en nombre del desarrollo sustentable. Las empresas mineras están esperando con la servilleta alrededor del cuello y los cubiertos en la mano. ¿Quién tirará la primera piedra? (Clarín, Buenos Aires, 18/01/18)

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