Hace 113 años comenzó una hazaña y la gran historia de la mina El Teniente

Con el inicio de la explotación industrial de este yacimiento nació también la Gran Minería del Cobre en Chile.
Mina el teniente historia

En sus inicios fue una tremenda hazaña. Y de alguna manera lo sigue siendo hasta hoy. Porque El Teniente y su mina subterránea –la más grande del mundo- sigue poniendo desafíos a quienes buscan extraer esas riquezas minerales que cada vez están más profundas.

La historia de este yacimiento y las varias generaciones de trabajadores comenzó formalmente con un decreto del Ministerio de Hacienda, el 29 de abril de 1905, a través del cual el gobierno chileno autorizó las operaciones de la Mina El Teniente a escala industrial. Así –hace 113 años- nació también la Gran Minería del Cobre en Chile.

El Teniente ha sido y sigue siendo referente a nivel mundial de evolución de sistemas de explotación, de innovación y de tecnologías desarrolladas.

La historiadora Celia Baros -autora del libro “El Teniente, los Hombres del Mineral, 1905-1945”, volumen I Y II- indicó que fue el ingeniero Marco Chiapponi quien en 1903 escribió a su colega estadounidense William Braden, exponiendo los argumentos que hacían interesante invertir en El Teniente, un yacimiento conocido desde tiempos prehispánicos. Braden viajó a Chile a principios de 1904, conoció la veta, volvió a Nueva York, organizó la empresa Braden Copper Company e inició de inmediato la planificación de la mina, una planta concentradora, la fundición, una central hidroeléctrica y el ferrocarril.En pocos días tuvo listos el estudio de factibilidad, el proyecto y el financiamiento. Casi todo lo trajo de Estados Unidos, como los cientos de toneladas de pino oregón que se usaron para construir la planta.

La historia de este yacimiento comenzó con un decreto del Ministerio de Hacienda, el 29 de abril de 1905, a través del cual el gobierno chileno autorizó las operaciones de la Mina El Teniente a escala industrial.
En las primeras dos décadas de explotación de El Teniente el trabajo industrial se concentró en el sector Fortuna, lugar que en sus 5 niveles entregó la mayor parte del mineral obtenido entre 1905 y 1920, con leyes del 2% y 3%. En paralelo, desde 1910, el sector Teniente pasó a convertirse en el área de extracción principal del yacimiento, donde se conocieron leyes del 4 y 5 por ciento.

La primera meta de producción de concentrado fue 10.000 toneladas diarias, en 1920, a lo cual le siguió: los primeros 10 millones de toneladas netas anuales, en 1943; la tonelada 300 millones, en 1961; y la tonelada 1.000 millones, en 1995.

 A finales de la década de 1967 el Estado chileno adquirió el 51 por ciento de la propiedad de la mina a través del proceso de chilenización del cobre y la Braden Copper se 

convirtió en Sociedad Minera El Teniente S.A. Posteriormente, a raíz de la nacionalización de la gran minería, se convirtió en una empresa 100 por ciento estatal.

 

AUMENTO DE PRODUCCION

En 1967 el Ministerio de Hacienda autorizó el funcionamiento de la Sociedad Minera El Teniente S.A, mientras el Ministerio de Economía aprobó una inversión de $230 millones para aumentar su capacidad instalada de producción, de 180 mil a 280 mil toneladas anuales de cobre fino.
El plan consideró la ampliación de la fundición de Caletones, la construcción del nuevo concentrador, en Colón, de los piques Sewell y «B», de un túnel a la mina por el nivel Teniente 8 y de la Carretera El Cobre; así como la edificación de viviendas en Rancagua para los trabajadores con familias que residían en Sewell, Caletones y Coya.

El plazo estimado de ejecución fue de cuatro años y medio, a contar de 1967. Sin embargo, la producción de 280 mil toneladas sólo se concretó en 1974, cuando entró en operaciones el horno reverbero Nº3 en la Fundición.
Después, entre 1996-1997, con el objetivo de revertir la disminución de la productividad debido al agotamiento de algunos sectores de la mina, se crearon varios proyectos destinados a expandir la capacidad de producción y maximizar los excedentes divisionales.

 Surgen los campamentos

 La instalación de El Teniente implicó la ejecución de diversas obras necesarias para el funcionamiento de este mineral. La empresa Braden Copper emprendió la construcción de un camino de carretas -y luego un tren como medio de transporte-; habilitó una oficina comercial en Graneros
y bodegas en La Compañía; edificó una planta concentradora, un patio industrial en Rancagua, y creó una serie de campamentos de habitaciones para sus trabajadores.

Entre 1905 y 1906, en la ladera de la montaña próxima a la Mina, fue construido un “establecimiento beneficiador de minerales”, integrado por una planta de concentración o molino, con capacidad para tratar 250 toneladas diarias de mineral que eran acarreadas por un “tranvía aéreo” (los capachos) desde el yacimiento, y un “dínamo” que suministraba la energía eléctrica.

En marzo de 1915 este poblado industrial recibió el nombre de “Sewell”,
en recuerdo de Barton Sewell, alto ejecutivo de Braden Copper que
falleció ese año en Nueva York.

Además, hubo que adoptar una organización administrativa interna, y obtener legalmente los primeros títulos de pertenencias mineras y mercedes de aguas. Asimismo, paulatinamente fueron incorporándose nuevos centros de trabajo como Coya, Caletones, Pangal, Parrón y otros, donde también surgieron campamentos para los trabajadores y sus familias.

 Origen del nombre del yacimiento

Sobre el origen del nombre del mineral hay dos versiones. Una es la leyenda de un teniente fugitivo que, tratando de cruzar la Cordillera de los Andes, acampó en un socavón en el cual quedó sorprendido por el color de su formación rocosa. Otra, basada en la realidad y menos conocida, habla del teniente del Ejército Libertador Juan de Dios Correa y Saa, dueño de la hacienda La Compañía entre 1822 y 1879. Él se preocupó de explotar este yacimiento que era parte de la misma.

 Los pioneros del cobre

 La historiadora Celia Baros indicó que además de ingenieros y superintendentes, la primitiva fuerza de trabajo de El Teniente estuvo integrada por cerca de 1.000 constructores encargados de levantar las obras, y otros 100 que se desempeñaron en el sector Fortuna de la mina antigua. “Muchos de ellos se arriesgaron a permanecer en la cordillera, refugiándose entre las primeras barracas, mientras resistían el frío y la altura en largas jornadas con escasos medios. Por lo general eran campesinos y solteros reclutados mediante “enganches” en el sur, que probaron suerte en un oficio minero desconocido. Sólo su buena condición física y muscular permitió que algunos se arraigaran en la faena, ya que la mayoría abandonaba el lugar, produciéndose una gran rotativa laboral en las primeras décadas”.

Pasado un siglo, más de 100.000 personas se han desempeñado en El Teniente, no pocos dejando la vida en la faena.

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