Mineras metalíferas en pandemia: voluntad de cuidar al trabajador y potencializar la industria

En 2020, el coronavirus agregó a la agenda de los mineros nuevas aristas de diálogo y nuevos puntos de encuentro.
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La declaración gubernamental de ser una actividad “esencial” sumó un plus, que sin lugar a dudas, contribuyó a la unificación de criterios para hacer sostenible la operatividad de la industria. Los referentes sectoriales así lo entienden. No hubo grandes titulares en los medios masivos, pero es importante resaltar que cuando se persiguen objetivos comunes la historia puede ser transformada. Hay mucho para hacer por delante, pero resaltar este logro en una vacuna para no dejarnos atrapar por otros virus que afectaron durante años a la industria.

Esta misma autocrítica la hemos realizado en nuestra redacción y también compartido con referentes profesionales para que nos suministren su mirada. La conclusión, disimulando yerros e improvisaciones, fue que la minería, en forma conjunta, empresas-trabajadores-proveedores, supo constituir una sinergia que desbordó ampliamente las expectativas de los más optimistas. Por eso, intentamos narrar algunas visiones que se detectaron y ocurrieron, desde la perspectiva de observar la actividad desde “el vaso medio lleno”.

Sabemos que no fue fácil consensuar metodologías de nuevos protocolas que no poseían antecedentes en ninguna empresa del mundo. No existía, hasta marzo de 2020, ningún manual de crisis que previera una mínima agenda de conflictividad para que las mineras se posicionen ante la presencia de una pandemia. Solo sugerencias muy “sui generi” que las posee cualquier “paper” de esos que suelen encontrarse en las bibliotecas de las compañías. No existía ningún plan de abordaje para enfrentar la crisis que instaló el Covid 19, desde aquí es que debemos comenzar a resaltar algunas experiencias virtuosas experimentadas en nuestro país minero.

Empresas permeables y trabajadores proactivos

Qué hubiera sido de esta industria sin la predisposición de los ejecutivos jerárquicos y dirigentes sindicales. Por eso es imprescindible detallar que desde un principio, hubo renunciamientos a reclamos sectoriales y todos, con dientes y uñas comenzaron a dialogar para satisfacer una oportunidad histórica: ser esenciales y socialmente comprometidos.

La pandemia desde su inicio en Argentina se convirtió en una gran oportunidad para que esta industria se amigue con la sociedad. Y aún, si esta mirada parece ventajosa y reprochable, hay que sentenciar que la misma permitió demostrar el compromiso con la comunidad. Hubo aportes económicos a organismos no gubernamentales no religiosos; hubo generosos aportes para las diferentes iglesias, principalmente la católica y para el mismo gobierno nacional al aportar 250 mil kits para efectuar test del virus. Citamos algunos ejemplos, hubo muchísimos más. Pero cuidado, mientras esto se constituía en una realidad, avanzaban en capital federal y en las principales provincias mineras, los Comités de Emergencia. Desde estos últimos se generaron políticas de acción que luego se supieron trasladar a los hechos y fueron mejoradas para contribuir a generar confianza y cuidados específicos que sustenten protocolos eficientes y seguros. Todo esto no fue poco. Para llegar a ello hubo que superar una verdadera carrera de obstáculos.

La lentitud operativa del Estado fue avasallada por la práctica ejercida por representantes de empresas y trabajadores nucleados en la Asociación Obrera Minera Argentina. Así comenzaron a trabajar a prueba y error. Se pudo observar  que dirigentes sindicales subían a los medios de traslado y proveían  instrucciones a sus compañeros. Por otro lado los integrantes de los departamentos de  Recursos Humanos de las empresas rompían con su habitual agenda y debían hacer frente a nuevos reclamos,  en los aspectos de servicios e insumos. Esto no se podía solucionar con fluidores de alcohol al 70 %, era más profundo. Tales los casos de armar nuevos turnos operativos, la permanencia en las minas; relevos y turnos de trabajo para evitar que no se afecte la producción. Pese a los esfuerzos y las predisposiciones, el virus se introdujo y hubo que rediseñar nuevas estrategias para controlar su propagación y efecto destructivo. A los tirones y con mucho diálogo, las partes superaban obstáculos y preferencias para facilitar el funcionamiento operativo de las plantas. Algo que se logró.

El Covid nunca fue subestimado. Todo lo contrario. Las mesas de trabajo que sumaron a los funcionarios municipales y provinciales debían establecer ejes de cumplimiento muy estrictos. Quizás aquí estuvo el primer acierto del sector en forma conjunta. Ninguno de sus componentes intentó sacar ventajas. Cuando hubo intentos - de aquellos que nunca cesan de obtenerlos -, se acordó retroceder para conformar nuevas estrategias de convivencia, en lugar de supervivencia. La racionalidad invadió a la gran mayoría que supieron vencer la desorganización de los diferentes rangos gubernamentales que prohibían accesos a sus provincias; exigían cuarentenas; evitaban traslados de trabajadores terrestres o aéreos. Con el correr de los meses y gestiones muy personalizadas se logró una convivencia estable y sin perturbaciones.

No se vaya a creer que todo fue correlato de flores y guirnaldas. Hubo muchos nubarrones. Pero los previsores y racionales primaron a los efectos de que se comprendiera a la perfección que ser esencial no es tener privilegios, sino más bien de utilidad pública en beneficio de los 44 millones de argentinos. En esa definición y compacto, se encontraba la industria minera.

Un rol que hizo empatizar como pocas veces

Sabemos que no habrá premios ni reconocimientos mediáticos. Tampoco medallas de organismos públicos ni privados, pero esta experiencia padecida desde marzo del 2020, agregó a la agenda de los mineros nuevas aristas de diálogo y nuevos puntos de encuentro.

Muchas veces tiene más valor saber de la acción realizada que los reconocimientos. Comprender que la subjetividad del otro no se puede manejar ni condicionar posee su costo. Y muchas veces eso que esperamos que posea devolución de aceptación se convierte en un dado venenoso. La humanidad de algunos posee estos rasgos. Pese a ello es loable la suma de gestos efectuados a lo largo del adverso año 2020.

Ser empático no es difícil. Lo mucha veces imposible es que haya devolución y reconocimiento de la empatía. Pese a este detalle, la industria en sus máximas expresiones como el de ser empresa-trabajador-proveedor, sellaron una unidad pocas veces logradas. Quizás esto no debería pasar inadvertido. Sin dudas la pandemia fue un aprendizaje para todos. Hay que seguir intentando ser mejores y ser partícipes de una verdadera y necesaria transformación socio, política y económica. La minería puede ser parte de esa revolución industrial, organizacional y tecnológica que necesita nuestra Nación.

Las experiencias de esta pandemia pueden sugerir sostener cambios y perfiles nunca antes logrados.

El presidente de la CAEM, Alberto Carlocchia,  sostuvo, en una de sus permanentes apreciaciones públicas, que "si creamos las condiciones apropiadas, el país puede transformar su escenario exportador y productor de generación de empleo y desarrollo regional a partir de una industria federal como la minera. Estamos en una instancia en la que Argentina necesita darse un marco jurídico de promoción de grandes proyectos de inversión que, entre ellos, abarque los de la minería", agregó.
Si a la experiencia acumulada durante la pandemia podemos seguir agregando otras perspectivas surgidas desde la realidad entiende el sector empresarial que "La minería está entre el 5° y 6°  complejo exportador, con una dinámica que hace hincapié en las economías regionales. Hoy es el principal productor de exportaciones de provincias como San Juan, Catamarca o Jujuy, les da trabajo a 90.000 familias y exportamos aproximadamente, a cifras de 2019, unos 3.200 millones de dólares por año. El rubro es un vector de desarrollo porque detrás de cada proyecto minero hay una industria pyme que se desarrolla, con diversos proveedores, comercios, actividad de servicios y bienes, y eso también les da oportunidades a las personas".
A esto le debemos agregar que se obtuvieron porcentajes de actualizaciones salariales durante el último año que rondaron el 45 % promedio en todas las ramas de la actividad. A esto se le sumó otro elemento que delata la existencia de un ida y vuelta muy importante entre empresarios y trabajadores. Estos resultados no son más que el resultado de la capacidad de diálogo y negociación, comprendiendo qué, para hacer crecer una actividad, deben existir beneficios que se comparten.
Esto contribuye a la paz social, la calidad de vida y el compromiso de constituir una fórmula de éxito que todos, absolutamente todos, los componentes de esta industria, anhelan y trabajan para alcanzarlo.

Fuente: GeoMinera

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