La política en tiempos de coronavirus

Muy pronto lo que el gobierno chino consideró como amenaza a su seguridad nacional se volvió un tema de seguridad internacional y ahí ante lo desconocido sobrevino el caos, el desorden y la muerte.
COVID-19

Un político divide a las personas en dos grupos:

          en primer lugar, instrumentos; en segundo, enemigos

            F. Nietzsche

Ninguna nación podía prever la crisis que provocaría el COVID-19 desde su aparición en China, potencia que en principio consideró que la epidemia podría controlarse como una amenaza a su seguridad nacional, consideró que se trataba de un antagonismo que amenazaba sólo a su territorio.
La respuesta del gobierno del Estado chino fue radical y contundente; medidas extremas que incluían el aislamiento de grandes ciudades, construcción de hospitales en días, atención médica inmediata e investigación científica, entre otras medidas, para combatir el flagelo que hasta el día de hoy ha cobrado más de 11 mil vidas en todo el mundo.

Muy pronto lo que el gobierno chino consideró como amenaza a su seguridad nacional se volvió un tema de seguridad internacional y ahí ante lo desconocido sobrevino el caos, el desorden y la muerte.

La ignorancia de una amenaza internacional y la ceguera ante lo que sucedía en la potencia oriental ha violentado los principios de Seguridad Nacional de los países, la cual tiene como objetivo principal proteger el bienestar de los habitantes de su territorio y garantizar la defensa de sus principios y valores constitucionales, así como a contribuir activa y eficazmente a la seguridad internacional en cumplimiento de los compromisos asumidos.

La salud como derecho de la humanidad se quebrantó y la insolente irresponsabilidad de autoridades sanitarias ha hecho, incluso, que en nuestro país ciudadanos busquen y, han encontrado, el amparo y protección de la justicia de la unión y han llevado a otros a denunciar conductas de las autoridades con apariencia de delito, ante la Fiscalía General de la República.

Países que de un día a otro fueron sorprendidos por la pandemia y que en el caso de Europa, en Italia y España, por ejemplo, las medidas extremas sacrificaban otros derechos fundamentales para priorizar el de la salud.

Muy pronto, reuniones masivas, incluso grupales, eran suspendidas, el derecho al libre tránsito restringido y la suspensión laboral, comercial y económica se hicieron presentes. Los daños son incalculables, pero priorizar el derecho a la salud y a la vida, bien vale todo sacrificio de parte de gobiernos y gobernados.

Mientras este panorama de extrema urgencia en la sanidad de los países ocurría, congruente con las medidas draconianas implementadas, en nuestro país la emergencia mundial era desoída y desentendida, la irresponsabilidad gubernamental, que respondió tardía e inconclusamente, va de la mano de la irresponsabilidad de la población.

Los eventos deportivos, musicales y políticos masivos continúan, se cancelan selectivamente a juicio de las autoridades que privilegian aspectos distintos a la salud pública.

Qué decir de los diputados de Morena reunidos para aprobar, en su beneficio, el tema de la “reelección” (reunidos en su Cámara 277 diputados), por cierto, ya desaprobada ayer por el Senado.

El Poder Judicial, en cambio, suspendió las labores en juzgados y tribunales para evitar la concentración de personas y su contacto.

Las nociones de estabilidad, calma o predictibilidad para mantener el orden interno y que se asumen como parte del bien común, necesarios para el desarrollo del país, los recursos y estrategias para estos fines, han sido, hasta ahora, insuficientes.

La atención de los gobiernos exige sus mayores y mejores esfuerzos ante una política de salud pública y no de política electoral que, lejos de generar votos, seguramente tendrá el efecto contrario.

Es un problema que no se puede minimizar o descalificar, como ha venido sucediendo con otros problemas sociales que sería largo enumerar y que sólo han provocado una destrucción del tejido social.

La gravedad de la pandemia no se entiende por el gobierno y no sólo se siguen convocando a eventos políticos o informativos (sic), sino también que hacen apología de conductas como el abrazo y el beso y, alcanzan el grado de fantasía, como las declaraciones del subsecretario López-Gatell, quien invoca la fuerza moral del Presidente como un factor de inmunidad ante la pandemia.

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