Mendoza: Minería y el desafío de no hacer como San Juan

Nuevamente vuelve el debate sobre el desarrollo minero en nuestra provincia.
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“A los mendocinos les gusta destacar que transformaron el desierto en un oasis. Entonces, si fue posible lograr eso ¿no será el momento de desarrollar minería sustentable sin destruir lo que tenemos, con los grandes desafíos que eso implica?”

Nuevamente vuelve el debate sobre el desarrollo minero en nuestra provincia. Luego de un año de exposiciones en el marco de la Mesa de Diálogo Minero, espacio en el que cerca de 70 expertos presentaron informes sobre temas sociales, institucionales, ambientales, económicos, legales y técnicos, se elaboró un documento preliminar. En el texto se aclara que el objetivo es “definir una Política de Estado para el desarrollo minero de la provincia de Mendoza. No tiene como objetivo ser un plan de trabajo de carácter ejecutivo sino definir las políticas de mediano y largo plazo, elemento fundamental para un sector que necesita reglas claras y estables para poder invertir.”

Si bien vale la aclaración, en el informe hay varios puntos importantes y que sin dudas demuestran la voluntad política de desarrollar el sector cumpliendo la ley, respetando el ambiente y teniendo “licencia social”; un tema no menor debido a que mucho influyeron los grupos antimineros, y también sectores de la economía de Mendoza que no ven con buenos ojos el desarrollo de esa actividad porque los puede sacar de los primeros planos (más culturales que económicos) en los que se encuentran.

En el documento se explica con claridad que las tensiones que se generaron entre promineros y antimineros le generaron a la provincia perjuicios debido a “que podría haber recibido, en los últimos 10 años, inversiones directas por más de U$S 5.000 millones con la creación de más de 5.000 puestos de trabajo directos y por lo menos 20.000 indirectos de alta calidad, en términos de beneficios y remuneración, esto sin contar ingresos por regalías e impuestos.

Agregan que “la economía de la Provincia ha crecido menos que el resto de las economías regionales, se ha atrasado en términos de infraestructura y ha perdido peso geopolítico en las mesas de discusión nacional al convertirse proporcionalmente en una economía de poca magnitud en la generación de divisas a través de la exportación de sus productos”, diagnóstico lapidario que preocupa a los que creen que actúan en beneficio del “bien común” y sólo buscan ventajas sectoriales y hasta empresariales concretas y también tienen sus problemas. Si bien hoy lo que sucede en San Juan con la minera Barrick no genera un buen contexto, tampoco hay que paralizarse.

A los mendocinos les gusta destacar que transformaron el desierto en un oasis. Entonces, si fue posible lograr eso; ¿no será el momento de desarrollar minería sustentable sin destruir lo que tenemos, con los grandes desafíos que eso implica? Los mismos van desde la licencia social, la confianza y transparencia en los controles, el beneficio económico a través de impuestos y puestos de trabajo y el cuidado del agua, entre otros puntos.

La experiencia del desarrollo minero que llevó a cabo San Juan desde hace más de 10 años, debería servirnos de ejemplo para tener claro qué es lo que no debemos hacer, pero sin hipocresía.

En 2007, el 40% de las empresas Pymes que trabajaban indirectamente para la Barrick no eran sanjuaninas, eran mendocinas.

Un estudio de la consultora Economía & Regiones indica que San Juan es la cuarta provincia donde más creció el salario privado durante 2016. En el mismo listado, Mendoza se encuentra en el grupo de las cinco provincias que están al final de la tabla.

¿Qué hubiera pasado en Mendoza si la minería se hubiera desarrollado ordenadamente y la gente hubiera recibido beneficios directos?

¿Estarían en contra como lo están hoy? Sin dudas que los grupos fundamentalistas sí, pero no sabemos qué estaría pensando hoy el resto de la sociedad. Es una duda que hay que develar.

Son razonables los temores de la sociedad por la calidad de los controles, porque estamos acostumbrados a que la excepción a la ley sea la norma y sobran ejemplos en Mendoza que demuestran que a muchos que no cumplen con las normas, les va cada vez mejor.

Pero entonces el desafío del que hablamos es doble y los mendocinos pueden demostrar que son capaces de asumirlo y concretarlo.

El documento preliminar que surgió de la Mesa de Dialogo Minero, indica además que “la minería por sí misma no es un ‘boleto mágico al desarrollo’ sino que su capacidad de generar desarrollo sustentable es directamente proporcional a la calidad de las instituciones que la regulan y necesita de políticas públicas para desarrollarse correctamente y en beneficio de la comunidad”.

También dejan en claro cuál es la visión y detallan con precisión que “en el término de 10 (diez) años, la Minería aportaría a la Provincia de Mendoza un nivel de actividad equivalente al del sector hidrocarburífero, con una cadena de proveedores de equipos y servicios completamente desarrollada y una cadena de industrias derivadas de la misma que agregaría valor a sus productos, siendo un actor fundamental en la integración territorial de la matriz económica mendocina dentro de un marco de sustentabilidad, armonizada con el resto de las actividades económicas.”

El documento elaborado es un primer paso no menor. El tono de los debates, mientras se realizaron las exposiciones durante 2016, fue maduro y enriquecedor. Dejar atrás la etapa de la desmesura es un avance significativo. Ahora vendrán nuevas instancias a sortear. El desafío para los mendocinos sigue pendiente

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