Rucci, el hombre que desafía a Pereyra y frena el convenio de productividad para Vaca Muerta

UNA INTERNA QUE PREOCUPA AL GOBIERNO
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Guillermo Pereyra es hombre de pocas palabras cuando se trata de pilotear un conflicto gremial y cuidar a su tropa. Líder desde hace más de 30 años del sindicato petrolero de Neuquén, el más poderoso del país, Pereyra construyó un perfil templado, casi sin fisuras. Por eso fue extraño verlo descolocado esta semana e incluso exteriorizando su malestar con Marcelo Rucci, el intendente de Rincón de los Sauces y virtual número dos del sindicato, que en los últimos meses amplió su base de sustentación territorial dentro de la organización gremial.

Pereyra expresó su malestar para con Rucci por no contener –o al menos dilatar- el conflicto generado por la decisión de 127 despedidos de la empresa de servicios OPS de bloquear el acceso a varios yacimientos de YPF, poniendo el riesgo el abastecimiento de combustibles en la región y provocando fuertes pérdidas para la petrolera bajo control estatal.

La medida de fuerza coincidió con el viaje de Mauricio Macri a Houston para buscar inversiones para Vaca Muerta. Pereyra fue uno de los promotores de esa gira y viajó en el avión privado con el Presidente hacia Texas.

El conflicto desatado en el patio chico de Rucci enardeció al también senador por el MPN. “Me hace quedar como un pelotudo con el Presidente”, se lo escuchó decir en estos días. “Voy a Houston con el objetivo de traer inversiones para que haya más actividad y me explota un conflicto en la provincia ¿Me vas a decir que (Rucci) no podía controlarlo al menos hasta después del viaje?”, continuó el sindicalista.

Rucci es el secretario administrativo del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de la cuenca Neuquina. Hoy por hoy es el dirigente con mayores chances de suceder a Pereyra en el gremio. Su objetivo es claro. Por eso, amplió la frontera de su poder más allá de Rincón de los Sauces. Es decir, su capacidad de acción va más allá de los yacimientos convencionales y maduros de petróleo enclavados en esa localidad del norte neuquino. Su red se extendió en otros polos hidrocarburíferos como Catriel y El Orejano, el principal desarrollo de gas de YPF en Vaca Muerta. De hecho, la semana pasada, el grupo de desocupados que responde a Rucci bloqueó los accesos a ese campo de shale gas.

La solución del conflicto con los despedidos de OPS –la compañía del empresario Mario Cifuentes que administraba un polémico contrato de servicios de montaje y soldaduras con YPF- dejó de manifiesto el poder ascendente del jefe municipal.

Fuentes sindicales indicaron que YPF habría aceptado cubrir el costo de reincorporación de los 127 despedidos de OPS, que pasarán a desempeñarse en TSB, otra polémica empresa de servicios, propiedad del empresario local Claudio Urcera, con quien Rucci presuntamente tendría vinculaciones comerciales, según la versión extendida en el sector de servicios petroleros. Sin embargo, desde YPF negaron esa versión. Desde la petrolera aseguraron que “los ex empleados de OPS ya fueron indemnizados conforme a la normativa vigente ante la insolvencia de la contratista”. Y agregaron que no existe ningún compromiso adicional y que “la empresa no aceptó negociar bajo la presión de los bloqueos”, que se levantaron a mediados de la semana pasada.

Cuando tomó el contrato de montaje y soldadura que tenía OPS con YPF, Pecom  cortó a los trabajadores que no tenían tareas asignadas. En la práctica, cobraban un sueldo sin trabajar. Son 127 trabajadores del riñón de Rucci, su brazo sindical, la mayoría no desempeña ningún trabajo en los yacimientos”, explicó un encumbrado directivo de la industria, en un análisis que es compartido por la mayoría de los actores políticos y empresariales que siguieron el conflicto de la semana pasada.

Con el conflicto ya lanzado, Pereyra se vio obligado a legitimar la protesta para no quedar más descolocado en la interna gremial. Su respaldo a los desocupados de Ríncón de los Sauces es leído en las empresas como un gesto de debilidad frente al creciente poder territorial de Rucci.

El intendente de Rincón de los Sauces sabe que Pereyra no seguirá mucho más al frente del sindicato petrolero. Fue reelegido el año pasado, pero es muy improbable que vaya por otro mandato. A mediano plazo Rucci quiere ocupar ese lugar. Por dos motivos: por un lado, para ampliar su base de sustentación política dentro de la provincia. Ya es intendente de Rincón, donde obtuvo un respaldo en las urnas de más del 80%, cifra que lo coloca como un interlocutor válido en la mesa chica del Movimiento Popular Neuquino (MPN). Por el otro, apunta a manejar la caja del gremio, una organización que el año pasado obtuvo más de $ 200 millones, según el último balance público del sindicato.

Con esa premisa, Rucci sigue reclutando delegados, en desmedro de los que pierda Ricardo Astrado, histórica mano derecha de Pereyra, que hoy parece relegado. ¿Cómo lo hace? Oponiéndose a la aplicación de la adenda al convenio colectivo de trabajo para los yacimientos no convencionales. La instrumentación del acuerdo petrolero impulsado por Macri, la principal herramiento esgrimida por el Gobierno para atraer inversores a Vaca Muerta, es muy precaria. Y su aplicación efectiva es cada vez más incierta. El jueves, YPF reunió en Neuquén a las principales empresas de servicios –Schlumberger, Halliburton, Weatherford y Baker, entre otras- para intimarlas a que avancen con la aplicación del convenio. Las empresas advirtieron que era muy difícil reducir las dotaciones de servicios como establece el nuevo convenio porque los delegados gremiales se oponen. Rucci opera sobre esa grieta. La sostiene para capitalizar su liderazgo. Mientras Pereyra quedó preso de su compromiso con el Presidente para avanzar con la implementación del acuerdo de mejora de la productividad, el jefe municipal aboga por la rebeldía a ese acuerdo, que en los hechos aparece como cada vez más empantanado.

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