Achican una reserva para volver a explotar minas de uranio

La Administración Trump está lista para reducir el área de Bears Ears en un 85 por ciento este mes, abriendo potencialmente más de 400 mil hectáreas a la minería, la perforación y otras actividades industriales.
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Garry Holiday creció entre las minas abandonadas que salpican el paisaje rojizo de la Nación Navajo, remanentes de una época cuando el uranio ayudó a afianzar el status de EE.UU. como una superpotencia nuclear e impulsó su programa de energía nuclear.
Dejó un legado tóxico. Casi todas las 500 minas abandonadas esperan limpieza. La minería contaminó el manto freático. El padre de Holiday murió de una enfermedad respiratoria tras años de extraer con pico el mineral de la tierra.
Pero ahora, envalentonada por la Administración Trump, la industria de la minería de uranio está renovando una incursión a las áreas contiguas al hogar de Holiday: la cuenca del Gran Cañón al oeste, donde se prepara para abrir una mina de uranio, y el Monumento Nacional Bears Ears al norte.
La Administración Trump está lista para reducir el área de Bears Ears en un 85 por ciento este mes, abriendo potencialmente más de 400 mil hectáreas a la minería, la perforación y otras actividades industriales. 
Sin embargo, aún mientras el Secretario del Interior Ryan Zinke declaró en diciembre que “no hay minas dentro de Bears Ears”, había más de 300 concesiones para extraer uranio en el área del monumento, de acuerdo con datos de la Oficina de Administración de Tierras de Utah, que fueron revisados por The New York Times.
La gran mayoría de esas concesiones cae fuera de los nuevos límites de Bears Ears impuestos por la Administración. Y un análisis de registros de la oficina local muestra que alrededor de una tercera parte de las concesiones está vinculada a Energy Fuels, un productor canadiense de uranio. Energy Fuels también es dueño de la mina Grand Canyon, donde el manto freático ya ha inundado el pozo principal.
Energy Fuels, junto con otros grupos mineros, hicieron lobby por una reducción de Bears Ears.
La campaña de lobby de Energy Fuels es parte de un esfuerzo más amplio de la industria del uranio para montar un regreso. Los Productores de Uranio de EE.UU., un grupo de la industria, está presionando a la Agencia de Protección Ambiental para que retire las normas propuestas de la Administración Obama para fortalecer las protecciones a las aguas subterráneas en las minas de uranio.
Los grupos mineros también han librado una batalla legal de seis años contra una moratoria sobre la nueva extracción de uranio en más de 400 mil hectáreas de tierra contiguas al Gran Cañón.
Garry Holiday en tierra de la Nación Navajo. Su padre trabajó en minas de uranio y murió de un mal respiratorio. (Caitlin O’Hara para The New York Times)
Para los navajo, la campaña para abrir minas nuevas es un recuerdo doloroso. “En ese entonces, no sabíamos que era peligroso —nadie nos dijo”, aseveró Holiday. “Ahora lo saben”.
Los partidarios de las minas afirman que un resurgimiento de la producción nacional de uranio, que ha disminuido en un 90 por ciento desde 1980 en medio del desplome de precios y la competencia extranjera, convertiría a EE.UU. en un jugador más importante en el mercado mundial de uranio.
Canadá, Kazajistán, Australia, Rusia y algunos otros países ahora proporcionan la mayoría del combustible nuclear de EE.UU…
El mercado nacional quedó bajo los reflectores por la decisión en 2010, bajo la Administración Obama, que permitió a la agencia nuclear rusa adquirir Uranium One, una compañía que acumuló instalaciones de producción en EE.UU…
Zinke ha insistido que la minería no jugó un papel en la decisión de reducir Bears Ears, pero la orden del presidente Donald J. Trump que le indicaba revisar Bears Ears decía que la designación i­na­propiada de monumentos podría “crear barreras para alcanzar la independencia energética”.
Ahora, cerca del Borde Sur del Gran Cañón, se está iniciando la producción en la Mina Canyon de Energy Fuels.
El año pasado, al tiempo que los trabajadores perforaban en las formaciones, dieron con el manto freático. El agua inundó el pozo de la mina, forzando a los trabajadores a bombear los escurrimientos —para entonces contaminados con uranio— a estanques. Energy Fuels rechazó las inquietudes de que se podría filtrar la contaminación.
No obstante, Fred Tillman, un ingeniero ambiental en el Servicio Geológico de EE.UU., dijo que los flujos del manto freático eran demasiado complejos como para descartar el riesgo de contaminación.
Un recordatorio del legado ambiental del uranio es el pueblo navajo de Sanders, Arizona. Cientos de personas allí quedaron expuestos a niveles potencialmente tóxicos de uranio en su agua potable durante años, hasta que las pruebas realizadas por un investigador doctoral en la Universidad del Norte de Arizona llamado Tommy Rock pusieron al descubierto la contaminación.
Rock y otros científicos sospechan que existe un vínculo con el derrame en 1979 de un estanque de aguas residuales en un molino de uranio, en Church Rock, Nuevo México. Ese accidente es considerado la filtración más grande de material radiactivo en la historia de EE.UU., superando la crisis en Three Mile Island.
Sin embargo, no fue sino hasta 2003 que las pruebas detectaron niveles de uranio en el agua potable en Sanders. Y recién en 2015 los reguladores locales emitieron un aviso público. (New York Time, Estados Unidos, 10/02/18)

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