¿Qué hacemos o haremos los mineros por el desarrollo de la actividad? Por el Ing. Marcelo Bellini

Desde diciembre de 2015, las condiciones macro económicas en la Argentina cambiaron de manera importante y abrieron grandes expectativas para el sector minero.
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Proyectos que esperábamos iniciaran su producción en 2013/2014 (Pachón, Pascua Lama, Potasio Río Colorado, proyectos de litio) volvieron a generar esperanza en el mundo de los mineros: profesionales, empresarios, proveedores, prestadores de servicio, funcionarios de gobierno, entre otros.

Cerca de 28.000 millones de dólares en probables inversiones abrían un panorama por demás alentador. Sin embargo, 15 meses después de estos anuncios, de escuchar con esperanza el Desafío CAEM para el 2021, haber superado un trasnochado intento de volver a implantar las retenciones a las exportaciones mineras, de haber “parido”, con luces y sombras, defensores y detractores, un Nuevo Acuerdo Federal Minero y de haber apostado fuertemente a mostrar la nueva minería Argentina a inversores en el PDAC, Londres y Australia, seguimos esperando el despegue de la actividad. La recuperación del círculo virtuoso EXPLORACIÓNCONSTRUCCIÓN-DESARROLLO-EXPLOTACIÓN, para que, mientras una mina está en proceso de cierre (hoy –marzo de 2017- ya hay 2 que se encuentran en plena etapa de inicio del cierre y otra con previsión para el 2018), otra (u otras) se encuentren en pleno desarrollo para garantizar que la cadena de producción y de trabajo no se interrumpa, y para que nuestro país continúe su rumbo a convertirse algún día en un país donde la minería represente un porcentaje importante del PBI.

Ahora bien, particularmente considero que no debemos ser simples espectadores y participar todos juntos, con acuerdos y diferencias, pero siempre buscando consensos, para que todos los actores seamos responsables y protagonistas del ansiado desarrollo.

Como responsable de la institución que nuclea, desde hace más de 60 años, a los profesionales de la minería, entiendo que nuestra responsabilidad pasa por alentar las políticas y decisiones gubernamentales que tiendan a atraer inversiones, ser permanentes observadores del desarrollo de las actividades productivas para señalar aquellos aspectos que representen un riesgo potencial para personas, ambiente y profesión, denunciar cuando profesionales extranjeros hacen ejercicio ilegal de la ingeniería de minas, por carecer de título como tal o por no revalidar su formación y matricularse como mandan las leyes de nuestro país, y alertar a los empresarios que contratan a estos colegas que lo están haciendo de manera irregular e irresponsable, ya que ante cualquier incidente o accidente (recordar Veladero 2015 y 2016) las responsabilidades recaen sobre personas que no tiene acabado conocimiento técnico ni tampoco de la legislación técnica y ambiental de nuestro país.

Este último aspecto debe ser compartido por las autoridades nacionales y provinciales, especialmente quienes ejercen el poder de policía laboral y control ambiental, ya que si pretendemos hacer minería seriamente y en serio, debemos empezar por poner en práctica estos preceptos como lo hacen nuestros vecinos, Chile y Perú, a quienes debemos mirar para que las futuras generaciones, algún día, hablen de los más de 100 años de gran minería en Argentina.

Siguiendo con el derrotero, viene la formación de nuestros ciudadanos y dirigentes políticos en cuanto al conocimiento de la actividad. Es así que entiendo debemos asumir un rol protagónico para poder mantener encuentros con dirigentes políticos: senadores y diputados nacionales y provinciales, intendentes y concejales, autoridades de minería, ambiente, industria y producción para poder interiorizar a quienes no poseen acabado conocimiento de la industria minera, acerca de las operaciones involucradas, el proceso de transformar un depósito de mineral en mina, la comercialización, el efecto multiplicador y en particular, los cuidados ambientales que deben tenerse, con el propósito que, a la hora de tomar decisiones, lo hagan teniendo fundamentos técnico-científicos para hacerlo, y no basarse solamente en lo que escucharon o leyeron de algún audaz e “iluminado sabedor” del tema”.

En todas las comunidades donde exista, o pueda existir desarrollo minero, se debe trabajar responsablemente con la educación, tanto primaria como secundaria, dictando cursos, charlas o conferencias para maestros, profesores, alumnos y padres, a efectos que no consuman falsa información respecto de la actividad. Esta acción debe complementarse con la apertura por parte de las empresas para recibir contingentes de escuelas, uniones vecinales, organizaciones civiles, grupos de padres o maestros que quieran conocer cómo se hace minería responsablemente, junto con las buenas prácticas en relaciones comunitarias que la gran mayoría de las empresas que hoy producen materias primas minerales, concentrados y metales en nuestro país ya desarrollan.

Un párrafo especial merecen los ministerios de educación o equivalentes, tanto de jurisdicción nacional como provincial, para que, junto con profesionales del sector editen manuales de estudio que tengan capítulos vinculados a la minería donde se transmita un verdadero conocimiento y no se deformen ideas sobre la industria minera en general.

No quiero dejar de lado a empresarios y trabajadores mineros. Tanto CAEM como AOMA, cada uno desde su lugar, también deben contribuir a esta apertura y a colaborar en esta formación de los ciudadanos no mineros en los aspectos más salientes de la actividad, transmitiendo sus experiencias y compartiendo vivencias con las comunidades próximas a los emprendimientos industriales.

Mendoza, a pesar de tener la actividad minera prohibida por ley, constituyó una mesa de diálogo intersectorial que debiera ser imitada por todos, particularmente por aquellas jurisdicciones que sin mediar informes técnicos, solamente basándose en mezquindades políticas que no advirtieron el daño social ante la falta de trabajo y recursos económicos de sus pobladores, prohibieron la minería, considerando a ésta como la única actividad industrial capaz de dañar o generar potencial peligro para el ambiente, ignorando que países como Canadá, Australia y Estado Unidos, por citar algunos de los más desarrollados, tienen en la minería una fuente de trabajo, desarrollo e ingresos que ocupa un lugar preponderante en su balanza comercial.

Mi propuesta, mi idea, es que desde las autoridades mineras, representadas en el COFEMIN, se convoque a una mesa de diálogo donde participemos todos los actores: responsables, protagonistas, hacedores y “afectados”, cada uno con su verdad, dejando de lado pasiones y fundamentalismos, buscando acuerdos que permitan una verdadera transformación de la Argentina en busca del camino que la lleve a ser referente mundial en producción minera.

La tarea no es sencilla. No será sencilla. El desafío está planteado. Sería extraordinario poder verlo.

Ingeniero de Minas. Docente de la Universidad Nacinal de San Juan. Presidente del Colegio Argentino de Ingenieros de Minas.

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